Por: Ericka Ramirez
(ex –alumna, en kipling ahora encargada de informática, Licda. Psicología Escolar)
Una gran experiencia, en primer lugar recordar la primera vez que salía de casa un fin de semana con amigos, el sentir que iba con personas en las que yo confiaba, sabía que iba a estar bien. Como no sentirme segura si iba con mi segunda familia, en donde la maestra fue maestra, madre y amiga; los compañeros, amigos y hermanos. Experiencias como estás me ayudaron a tener en cuenta que podía compartir más de un día sin “papi y mami”, que podía realizar un almuerzo o cena de manera muy independiente, con la confianza de que sabía lo que estaba haciendo; además de dar un buenos días o buenas noches a personas que no estaba acostumbrada. Todo esto lo obtuve en Kilpling.
Ahora sé que en espacios como estos son donde nuestros alumnos se demuestran así mismos que son capaces de lograr un sin número de cosas, desde las que implican compartir, hasta las individuales, haciendo cosas para y por ellos mismos. Se integran y adaptan al momento que están viviendo, sin miedo alguno. Aprenden experiencias nuevas para ellos, y además se divierten, viendo sus propios logros en otras áreas o facetas de la vida.
Ellos solo necesitan oportunidades, oportunidades de vida que les permitan saber cuán capaces son de lograr vencer todo tipo de obstáculos, oportunidades como estas son para su desarrollo integral como personas, que les permite tener conciencia de cómo actuar y comportarse en diferentes momentos. Sobre todo la oportunidad de convivir con otras personas, y en otros ambientes, además del propio. Nuestros niños de Kipling merecen muchas más oportunidades, principalmente de confianza, así si ven que un adulto madre, padre o maestro confían en ellos, ellos aprenderá a confiar en sí mismos, y a darse cuenta de que si pueden. Todo esto debe de tener el principal objetivo de que crezca en ellos una sólida y autentica autoestima que les permita convivir en todo lugar y evento al que asista.
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